La aplicación en el terreno socio-económico de las "nuevas tecnologías" derivadas de esta revolución de la microelectrónica (el robot industrial, las máquinas con control numérico, los sistemas de fabricación flexible, la aplicación de la informática en campos como el diseño, el dibujo y el cálculo, la telemática, etc) tiene amplias repercusiones en la dinámica económica, social y política de nuestro Planeta. Citaremos aquí:
No obstante, el análisis de la naturaleza de las tecnologías modernas derivadas de la revolución microelectrónica (que están basadas en el automatismo y se introducen rápida y masivamente en los talleres) muestra que la utilización productiva de las nuevas tecnologías requiere un alto nivel de iniciativa por parte de los/las productores y revaloriza aquí los aspectos del capital intangible como la motivación, la cualificación, la capacidad de iniciativa, la creatividad, la inteligencia, etc., obligando a una "redistribución del poder" en el seno de la empresa (14).
Para los trabajadores/ras se abre pues una oportunidad histórica que a nuestro juicio debe ser aprovechada para el cuestionamiento del "contrato de trabajo capitalista" cristalizando una línea que fomente el control de los procesos de trabajo por parte de la base social y conquiste el poder de decisión de esta misma base sobre el contenido y destino de la plusvalía producida.
Pero la existencia en el mercado de trabajo de un personal estable e inmerso en los nuevos métodos de gestión "post-Taylorianos", tiene su reverso dialéctico en el control que el capital ejerce sobre los procesos de selección. En efecto, a través de los criterios exigidos a la nueva mano de obra para su inclusión en estos núcleos privilegiados del mercado de trabajo, el capital establece unas condiciones sociales, políticas e ideológicas a los/las aspirantes, que están en la base de los procesos de "exclusión" de aquellos/as que no le son afines.
Además, en una sociedad marcada por la escasa oferta de puestos de trabajo y por el proceso de funcionarización, estos procesos de exclusión convergen con otros (por razones ideológicas y políticas) paralelos procedentes del sector público. Los procesos de exclusión actúan de manera que los/las candidatos desechados en una selección acumulan puntos negativos y son mas fácilmente rechazados en las selecciones siguientes.
Así, los procesos de exclusión transforman progresivamente a los sectores afectados en sectores marginados. La justificación a nivel social de este estado de cosas bajo el argumento burgués de que "no son buenos/as para el trabajo" hace que los afectados conozcan un deterioro progresivo de su personalidad e interioricen una psicosis de fracaso. Aquí, los/las marginados del trabajo se enfrentan solos a sus problemas transformándose en marginados de la sociedad y posteriormente de la comunidad.
La existencia creciente de bolsas importantes de marginación que funcionan con ésta lógica reproduce con fuerza en la sociedad el individualismo y la cultura del miedo, de manera que se debilita considerablemente la capacidad de respuesta social a la miseria, marginación y sobreexplotación existentes.
Es evidente que esta nueva forma de "trabajo en el hogar", que se aplica solo para determinadas tareas productivas, representa la consolidación de una tendencia contrapuesta a los "equipos de trabajo" interdependientes que se implantan en aquellas empresas que utilizan nuevas tecnologías. Se trata de una forma de trabajo basada en una extrema flexibilidad laboral, que ahonda la subordinación del trabajador/ra al capital (permitiendo solventar, para determinadas tareas, las contradicciones sociales planteadas por las nuevas tecnologías en el seno de la empresa, de la manera mas favorable para el capital).
En efecto, las nuevas estructuras organizativas y productivas basadas en la descentralización y deslocalización del trabajo agudizan la dispersión y el aislamiento laboral de los/las operarios, dificultando enormemente la actividad sindical y generando culturas desclasadas que se motivan exclusivamente en función de sus propios intereses personales.
De esta manera el "trabajador/ra potencial" está a disposición del empresario (de forma que éste puede contratarle o despedirle cuando quiera), carece de derechos de antigüedad y de posibilidades de promoción, vive en la inestabilidad salarial y tiene que financiarse su propia seguridad social. El nuevo "trabajo a domicilio" permite a la mujer realizar su actividad laboral sin salir de su hogar, manteniendo la doble jornada de ésta y en un contexto familiar jerarquizado, ahonda su relaciones de subordinación personal y elimina la dimensión comunitaria y social que le proporcionaba la contratación por cuenta ajena en el trabajo de la fábrica.
En EEUU existían 18 millones de "trabajadores/as a domicilio "en 1989. En Europa, son Gran Bretaña y Francia los Estados mas proclives a desarrollar esta modalidad de trabajo. Sin embargo, se considera que esta fórmula de trabajo, como consecuencia de la irrupción de las nuevas tecnologías de la comunicación, experimentará un enorme desarrollo a finales de siglo y principios del que viene. Así, se calcula que a principios del siglo XXI el 15% de la población trabajadora europea (13 de los 90 millones que compondrá su población activa) podrían realizar su actividad laboral desde su propio hogar. (15)
Una de las consecuencias de este proceso es la polarización de la cualificación entre el centro y la periferia. Asistimos así a la formación en el centro de un grupo de trabajadores/as altamente cualificados y retribuidos (conformando el "software" del proceso productivo) rodeados de unos sectores "fieles", no tan cualificados pero suficientemente estables y retribuidos como para asegurar ésta fidelidad. Contrariamente asistimos a la formación en la periferia (países subdesarrollados y sectores marginados en los países desarrollados) de una masa de trabajadores/as descualificados/das y desprofesionalizados/das, y en condiciones de trabajo sumamente precarias (trabajo a domicilio, subcontratas, eventuales, etc.).
A nivel internacional, las tentativas desesperadas del Tercer Mundo para pagar su deuda externa, la necesidad de los EE.UU. de equilibrar sus cuentas exteriores y la integración de los países del Ex-Socialismo Soviético en el mundo de la economía de mercado auguran una agudización de la competencia internacional. Como afirma Alain Lipietz, "todo hace pensar que la conformación de un mundo cada vez mas toyotista, con elevados salarios, alta tecnología y elevada cualificación en los países del Centro (bajo hegemonía germano-nipona) se estructurará con una periferia en la que se generaliza el modelo neo-taylorista sobre procesos productivos intensivos en factor trabajo y asentados en bajos salarios y escasa cualificación", haciendo del "dumping social" su elemento mas competitivo.